
La sangre pobre en oxígeno procedente de sus pulmones fluye hacia el corazón a lo largo de la diástole, llenando la aurícula y el ventrículo derecho de su corazón.
Suspiró.
La contracción de las auriculas empuja sangre adicional hacia los ventriculos.
Abrió los ojos y miró hacia la derecha. No había nadie en aquella habitación. Y tenía frío. Y miedo. Mucho miedo.
Recordó su cara, a su lado.
Él también se estremecía de miedo, y no lo lograba disimular. Aún así, le apretaba la mano muy fuerte, y le decía que no iba a pasar nada.
Ahora, estaba sola.
Notó que sus ojos se humedecían.
Los ventrículos se contraen, provocando la apertura de las válvulas aórtica y pulmonar.
Abrió la boca para decir algo, pero el aliento no llegaba apenas a un suspiro. Las palabras se quedaron dentro de ella, espectantes, ansiosas, impotentes, débiles.
La sangre es impulsada hacia las arterias aorta y pulmonar.
Cerró los ojos con fuerza.
Los ventriculos se relajan y se cierran las válvulas aórtica y pulmonar. Se abren las válvulas mitral y tricúspide y comienza la entrada pasiva de sangre desde las aurículas a los ventrículos.
Fin de la diástole.